La lucha de una madre por liberar a su hija del abuso sexual

"Me llamo Ana*, tengo 37 años, vivo en Filipinas y soy madre de cinco hijos. Solo tengo una hija, Anita de 10 años, y el resto son niños. Mi marido es taxista y el proveedor principal de la familia. En cinco años, hemos vivido hasta en 12 apartamentos distintos. Parece que estamos siempre huyendo porque no podemos pagar el alquiler, y porque según los rumores que he oído, está consumiendo drogas. En vez de pelearme con él, me centré en cuidar a mis hijos. Ha habido días que los niños se han ido a la cama con el estómago vacío, por lo que sopesé el empezar a trabajar, pero mi marido no estuvo de acuerdo desde el principio. Cuando Anita nació, la tratamos como a una princesa. Fue la respuesta a mis oraciones, porque yo verdaderamente deseaba tener una niña. Cuando tenía 3 años, insistí en trabajar en un restaurante en Cagayan de Oro City, y finalmente la situación mejoró. Lo que no sabía es que se iba a convertir en una pesadilla.

Un día, vi sangre en la ropa interior de mi hija. Sabía que era muy pequeña como para tener el periodo, así que, entre lágrimas, me confesó que su padre había abusado sexualmente de ella. Al principio no la creí, pero fuimos al médico, quien confirmó una laceración vaginal. Una exploración más detenida demostró que había marcas de abuso de cuando era incluso más joven. Además, de vez en cuando sufría infecciones urinarias.

La niña me contó que ella tenía que dejarse hacer todo lo que su padre le pedía, y le amenazaba con matarme si no lo hacía. Tenía miedo de que si le pedía que parara se enfadara, que tenía que hacerlo, que no tenía otra opción. Me quedé absolutamente helada mientras Anita lloraba. No quería creerla, pero comencé a unir los puntos y me di cuenta de que había empezado a abusado sexualmente de ella desde muy pequeña, incluso siendo un bebé. Incluso ahora, soy incapaz de entender cómo pudo hacerle eso a nuestra hija, pero independientemente de las razones, iba a luchar por protegerla.

La mejor decisión

Anita estaba absolutamente aterrorizada, pero hice lo mejor para protegerla: le denuncié. Confiar en mi familia y denunciar a mi marido a la policía fue lo más difícil que he hecho, pero fue la mejor decisión que pude haber tomado. Me sentía por fin libre. Inicialmente, mi hija dudaba en compartir los episodios de abusos que su padre le hizo, pero estaba decidida a decir la verdad. Mientras el caso estaba en proceso, mi marido no paró de perseguirnos. Mientras estaba en el trabajo, iba al colegio a visitar a Anita, lo que la aterrorizaba aún más. Estoy muy agradecida a los profesores que nos apoyaron durante todo el proceso.

Mi marido está ahora en prisión y estamos comprometidos a seguir hasta que mi hija obtenga justicia. Aunque desde el exterior parece que estoy normal, interiormente estoy sufriendo. Cada vez que Anita recuerda a su padre comienza a llorar, y me entristece que esto que le ha pasado sea prácticamente imposible de olvidar. Me encantaría poder quitarle todo el dolor, todos los recuerdos tan dolorosos y cambiarlos por unos felices.

Una luz al final del túnel

A pesar de lo que pasó, estoy agradecida de que nos quede algún camino para sanar emocional y psicológicamente. Anita y yo nos unimos a las sesiones de curación dirigidas por World Vision. Yo fui a la sesión de desarrollo del cuidador donde aprendí más sobre los temas de protección infantil y qué deben hacer los padres y cuidadores para protegerlos. Fue muy interesante. Mientras asistí a las sesiones, Anita también se unió taller de arte creativo con otros niños que también tienen problemas de protección infantil. Esto nos ha ayudado a sanar gradualmente. También nos hace sentir que no estamos solas en nuestra batalla. No solo estamos obteniendo conocimientos y aprendizajes, sino que también estamos ganando amistades.

Mi hija es la chica más dura que conozco. Creo que es mucho más fuerte que yo. Estoy agradecida de que mi hija tenga un buen sistema de apoyo de nuestra familia, escuela, amigos y otros grupos que cuidan nuestro bienestar. Como una manera de hacer frente al abuso sexual, Anita ha estado muy activa en la escuela. Se une a concursos de danza y festivales deportivos, sin comprometer su rendimiento académico.

Es cierto que nuestra familia tiene una historia trágica, y que hubo momentos en que me preguntaba qué hice mal para que tuviéramos que sufrir de esta manera. A veces, sólo me aferro al dicho de que todo sucede por una razón y que no debería rendirme fácilmente.

Estoy compartiendo nuestra historia para cada madre, cada hermana, cada persona y para cada niño y niña que sufre en silencio. Espero que la gente entienda que nuestra vida es valiosa y digna de ser protegida."

El 17% de los niños en Filipinas han experimentado algún tipo de violencia sexual a lo largo de su infancia, 1 de cada 10 en su propia casa. World Vision está llevando una campaña durante 2017 contra la explotación y el abuso sexual infantil cuyos objetivos son aumentar los grupos de apoyo y cuidado, que les proporciona a los niños y niñas un entorno de protección y seguridad; aumentar la responsabilidad y el buen gobierno para la protección de la infancia; y una respuesta multi-sectorial que implemente medidas para prevenir y abordar la explotación sexual de los niños. Son objetivos ambiciosos, pero perfectamente posibles con la ayuda de padrinos, socios y donantes.

*El nombre de Ana y Anita son ficticios.