Un niño ex soldado encuentra la paz en un Centro Seguro para Niños

Un ex niño soldado encuentra la paz en un Centro Seguro para Niños

"Mi nombre es Albert y tengo 15 años. Antes de que el conflicto estallara en mi comunidad iba a la escuela pero ahora no puedo seguir recibiendo una educación. Luego me uní a la milicia  y ahora recojo bambú y lo vendo para sobrevivir”, nos cuenta este joven en Kasai.

“Dejé de ir a la escuela desde que me uní al grupo de milicianos en septiembre de 2016.

El "Tshota" (campamento de milicianos) estaba cerca de nuestra escuela. Los soldados estaban hostigando a la gente de nuestro barrio, por lo que los ancianos de nuestra comunidad nos convencieron a mí y a mis amigos de unirme a la milicia para luchar contra los militares. Recibí tres bautismos; bebimos alcohol mezclado con sangre humana y un cráneo en polvo, y luego fuimos enviados a la primera línea del combate.

He participado en casi 12 batallas. He participado en la lucha en Tshikula, en el aeropuerto, en Tshibambula y otras aldeas. Pasé siete meses en la milicia; estábamos comiendo hojas de yuca, mandioca y nueces de palma. Puedo recordar haber matado a más de 40 personas.

Los ancianos nos mintieron. Nos dijeron que no moriríamos que éramos inmortales, pero cuando vi que mis amigos se estaban muriendo, sentí miedo y decidí abandonar la milicia. No fue fácil para mí volver a casa, me atraparían por lo que decidí ir a un pueblo llamado Bunkonde y después de siete meses decidí regresar.

Cuando volví, encontré un lugar que todo el mundo llamaba Espacio Seguro para Niños que había construído una ONG llamada World Vision, allí hacían actividades variadas para niños y jóvenes como yo, pero tuve dificultades para participar con todos los demás. Un día decidí ir a ver el líder religioso de mi comunidad y le que me aconsejara cómo podía participar; y él me dijo que acabara de “saltar”, de olvidar mi pasado y empezar mi futuro.

Ahora el Espacio Seguro para Niños se han convertido en el centro de mi día. Llego a las 8 de la mañana para jugar diferentes juegos con mis amigos: fútbol, ​​cartas, dados, damas, etc.  Pero sobre todo aprendo cómo vivir en la sociedad nuevamente.

Estoy feliz de venir aquí porque puedo relajarme, distraerme y hacer amigos. Después de jugar con mis amigos, voy a buscar bambú para vender.

Me gustaría ser maestro, pero como mi padre y mi hermano mayor desaparecieron durante el conflicto, mi madre está luchando por sacarme adelante a mí y a mis dos hermanos menores. Por ahora tengo que esperar para volver a estudiar".