Afganistán: historias de paz en un país en conflicto

Gran parte de Afganistán ha sido devastada y cada ciudadano afgano se ha visto afectado en mayor o menor grado; una tragedia que tiene su origen en más de 40 años de conflicto, guerra, dolor y pobreza. Esta es la historia que mejor conoce el mundo y se ha contado innumerables veces pero también existen otras historias que en el Día Internacional de la Convivencia en Paz, queremos dar a conocer.

Es cierto que queda mucho por hacer en un país que alberga una de las mayores tasas de mortalidad neonatal del mundo (39,2 por cada mil nacidos) y donde más del 30% de los niños menores de 5 años tienen bajo peso. La salud sigue siendo una lucha cotidiana no solo para los niños de Afganistán, también para las madres, ya que el país tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas.

Mujeres afganas avanzando en la alfabetización

Actualmente, la educación sigue siendo un desafío para los menores en Afganistán y para las niñas en particular. Menos de una de cada tres personas, y solo el 12,6% de las niñas, saben leer. Para evitar el abandono en la escolarización, y proteger a las niñas y mujeres, World Vision ha impulsado los Shura, consejos formados por mujeres, una gran fuerza en la defensa de las niñas y mujeres. Los Shura intentan resolver localmente problemas o referirlos a las autoridades apropiadas. Gracias a la capacitación de estos grupos, las mujeres miembros de los Shura son ahora tomadas en serio en sus comunidades.
 
Movarid, de 16 años, era una de las jóvenes acosada. Después de que un motociclista le arrancase el velo un día, mientras caminaba hacia la escuela, su padre le prohibió seguir estudiando. "Es mejor que te quedes en casa...", le dijo. Cuando Bolghis, de 40 años, directora del Shura de su aldea, descubrió que Movarid y otras 25 niñas de su comunidad habían abandonado la escuela, supo de inmediato lo que tenía que hacer: acudir al Comité de ancianos y al gobernador del distrito para exigir una solución al problema. Los motociclistas que habían estado acosando a las mujeres y niñas fueron arrestados. Hoy las niñas pueden estudiar, libres de miedo y acoso.
 

Incorporando a las mujeres al mundo laboral

En Badghis, una región donde prevalecen los valores tradicionales, el hecho de ser mujer es suficiente para ser encerrada en el hogar. Las mujeres son vistas como débiles e imprudentes. Aquellas que, forzadas por las circunstancias o por elección propia, deciden trabajar fuera de sus hogares a menudo se sienten avergonzadas. En medio de este ambiente hostil, World Vision está abriendo un camino de esperanza y transformación, al equipar a las mujeres para que realicen actividades que generen ingresos a través de grupos de productoras que crían aves de corral y venden huevos.
 
Recientemente, 20 mujeres que participaron en grupos de productoras se unieron para formar un grupo de ahorro. En solo 10 meses, las mujeres pudieron ahorrar 300 dólares y decidieron comenzar su propio negocio. Después de muchas deliberaciones, consultas y teniendo en cuenta la cultura y las necesidades de su comunidad, abrieron una panadería. Para ahorrar dinero, construyeron un tandoor (horno tradicional) a mano. La panadería está prosperando. Las mujeres no solo venden pan en su comunidad, sino que también han establecido puntos de venta en aldeas cercanas. La demanda de su pan hecho a mano es tan alta que han tenido que contratar a tres panaderas, generando empleo para mujeres vulnerables de su comunidad. "No podíamos ni imaginar que íbamos a recibir tantos pedidos", dice Sara, miembro del grupo de ahorro. La panadería hace actualmente una caja de 9 dólares por día y las ganancias se dividen en partes iguales entre todas.

Combatiendo el matrimonio infantil

El matrimonio infantil es común en Afganistán; el 57% de las niñas están casadas antes de los 19 años. Esta costumbre es a menudo una vía para pagar deudas y resolver presiones financieras para las familias que viven en la pobreza. Dar formación a las familias y a las propias niñas sobre la importancia de que las menores reciban una educación es fundamental para romper los ciclos de pobreza y evitar el matrimonio infantil.
 
Lo que comenzó como un día normal para Khatema, de 9 años, jugando alegremente en el pueblo con sus amigos, se convirtió rápidamente en uno de los peores días de su vida. Su mundo y su sueño de convertirse en maestra se vino abajo cuando su hermano la interrumpió con un mensaje: su padre había decidido casarla. Lo mismo le había sucedido a su hermana de 12 años, apenas dos años antes. "Entré en el establo y empecé a llorar", dice Khatema. Su madre, Fatmina, nunca quiso que sus hijas vivieran lo que ella vivió cuando era niña. Pero se sintió impotente cuando su hija mayor fue vendida en matrimonio. "No sabía qué podía hacer ni a quién pedir ayuda", recuerda. Pero en esta ocasión, sí supo que debía hacer.
 
Fatmina sabía que su vecina, Razia, había sido formada por World Vision para luchar contra el matrimonio infantil en su comunidad. Razia le pidió a su marido que hablase inmediatamente con Ghafoor, el padre de Khatema, y ​​tratara de persuadirlo para que cancelara el matrimonio. LLevó toda una semana de discusiones e intervenciones del esposo de Razia y líderes locales antes de que Ghafoor cambiara por fin de opinión. Hoy, Khatema puede respirar tranquila y disfrutar de su infancia.
 

Clubes juveniles para superar los traumas vividos

Una vez a la semana, jóvenes de 12 a 18 años se reúnen en alguno de los 25 Clubes juveniles puestos en marcha por World Vision donde jóvenes, que han sufrido y sufren las consecuencias del conflicto en Afganistán, reciben asesoramiento y apoyo psicosocial grupal e individual y aprenden prácticas de habilidades para la vida. Estas prácticas ayudan a los niños y niñas a dar los primeros pasos para aprender más sobre quiénes son, cómo encajar en el mundo que les rodea y motivarlos a hacer cambios positivos y duraderos en sus vidas.
 
"Cree en ti mismo, no permitas que los problemas te rompan", dice Fareshta, una Consejera de World Vision, sentada en una pequeña habitación rodeada por un grupo de niñas. Su recomendación es una tarea difícil teniendo en cuenta que todos los participantes en el evento tienen una historia desgarradora para contar. La situación económica hizo que el padre de Narmagul, asistente habitual del club, la obligara a casarse a los 13 años. "No quería casarme", dice ella.  "Quería ir a la escuela para convertirme en doctora". El matrimonio no solucionó los problemas de Narmagul; sólo los empeoró. "Mi marido siempre buscaba alguna excusa para pegarme". Un día, la golpeó hasta casi la muerte. Su padre aceptó su error de casarla y ayudó a Narmagul a divorciarse. "Narmagul estaba muy callada", recuerda Freshta. “No habló conmigo ni con las otras chicas al comienzo de las sesiones. Poco a poco, empezó a confiar en mí. Nunca he olvidado el día en que compartió la historia de su vida conmigo. Lloró mucho, fue como si su pequeño corazón no pudiera aguantar más dolor. Ahora es una de mis chicas más activas y capaces del club". “Freshta me animó a ir a la escuela. Hablé con mi padre y él estuvo de acuerdo. Ahora estoy en la clase dos y todavía quiero ser médico. Continuaré con mi educación para cambiar mi futuro y hacer que sea brillante", explica Narmagul con una sonrisa.