- 4,2 millones de niños y niñas sufren malnutrición aguda; 800.000 se encuentran en un estado de emaciación física tan grave que es irreversible sin una alimentación terapéutica especializada
- El colapso de los sistemas sociales expone a las niñas vulnerables a violencia sexual y explotación
- 10,5 millones siguen sin asistir a la escuela; llevan tres años sin entrar a un aula
Madrid, a 10 de abril de 2026: Sudán se ha convertido en el lugar más traumático para la infancia. A medida que el conflicto entra en su cuarto año de violencia implacable, World Vision advierte que se está exterminando sistemáticamente a toda una generación, mientras que el silencio internacional se mide en vidas perdidas cada hora.
Cada día, los niños y niñas mueren y resultan heridos a medida que continúa la violencia, y se denuncian graves violaciones de los derechos de la infancia en todo el país. Los hogares, las escuelas y los centros de salud han sido dañados o destruidos, privando a los niños y niñas de seguridad, educación, cuidados y cualquier sensación de vida normal.
El balance de tres años de conflicto es abrumador. Actualmente, 17,3 millones de niños y niñas se encuentran en una situación de necesidad extrema, mientras el hambre generalizada se apodera de la nación, con condiciones similares a las de una hambruna confirmadas en múltiples regiones. Esta hambruna ha provocado que 4,2 millones de niños y niñas sufran malnutrición, incluidos más de 800.000 que corren el riesgo de morir debido a la malnutrición aguda grave.
En un solo campamento de desplazados internos en Fina, al este de Jabel Marra, se ha identificado a más de 200 niños y niñas no acompañados, una imagen desgarradora de una crisis que se refleja en los campamentos de personas desplazadas de todo el país, donde la infancia sigue sufriendo en silencio. Más allá del coste físico, el colapso de los sistemas sociales ha dejado a las niñas vulnerables a una horrible violencia sexual, mientras que 10,5 millones de niños y niñas siguen sin asistir a la escuela tras haberseles negado el acceso a las aulas durante tres años consecutivos.
«Detrás de cada estadística hay un niño que ha perdido su hogar, su escuela y su seguridad», afirma Simon Mane, director nacional de World Vision en Sudán. «La presencia de cientos de niños y niñas no acompañados en campamentos como los de Fina muestra cómo la infancia sigue sufriendo en silencio. Sin un aumento inmediato de la financiación y un compromiso con la paz, estas cicatrices serán permanentes».
La magnitud de la crisis es evidente en la vida cotidiana de quienes sobreviven al conflicto. En Darfur del Sur, Omer, de nueve años, representa el impacto físico de una nación azotada por la hambruna. Sufre retraso en el crecimiento, carece de energía para jugar y sobrevive con solo un cuenco de gachas al día o sin comer nada. «Siento las piernas pesadas y siempre me duele el estómago. Estoy muy cansado. No quiero jugar; solo quiero que el hambre desaparezca», dijo Omer.
Incluso los lugares destinados a la curación se han convertido en objetivos. Adam es un superviviente de un ataque directo contra un hospital que dejó 17 niños y niñas muertos y decenas más gravemente heridos. «Hubo una gran explosión y el hospital se derrumbó», cuenta Adam. «Ahora tengo las piernas paralizadas». Su historia pone de relieve el colapso total de los espacios seguros para los más vulnerables, incluida la infancia.
La violencia ha obligado a millones de personas a tomar una decisión desgarradora: quedarse y perecer o huir hacia una supervivencia que nunca está garantizada. Más de 13 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares.
Ibrahim, de solo 11 años, recuerda el terror de su viaje después de que su casa familiar fuera bombardeada. «El cielo estaba negro por el humo y vi a gente cubierta de sangre», recuerda Ibrahim. «Corrimos hasta que no pudimos respirar. Pensé que aquí estaríamos a salvo, pero no hay más que polvo. Antes tenía libros y una cama. Ahora dormimos en el suelo, en un refugio improvisado, y espero una comida que nunca llega».
Para las niñas, la pesadilla es aún más oscura a medida que desaparecen los sistemas de protección. Shaila se separó de su familia mientras huía hacia el este de Jabel Marra, solo para enfrentarse a la violencia sexual que la ha dejado embarazada y sola.
World Vision sigue sobre el terreno prestando asistencia vital, pero la brecha entre las necesidades humanas y los recursos disponibles se está ampliando a un ritmo catastrófico. La ONG exige un aumento inmediato y masivo de la financiación mundial para ampliar los servicios vitales de alimentos, agua y nutrición especializada en Sudán. Lo más importante es que se ponga fin de inmediato a los ataques contra la población civil y se realice un esfuerzo concertado para proteger a los menores no acompañados.
«La infancia de Sudán ha demostrado una resiliencia increíble», concluye Mane. «Pero la resiliencia tiene sus límites. Necesitan que el mundo se preocupe tanto por su supervivencia. Cada hora de retraso aumenta el riesgo de muerte para más niños y niñas».
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