Refugiados en Bangladesh, ¿dónde está mi infancia?

Refugiados en Bangladesh: ¿dónde está mi infancia?

"En mis sueños veo gente corriendo, llorando, gritando y peleando". Me levanto sobresaltada y con miedo.", dice Somsida, de 11 años, una de los niños y niñas refugiados en Bangladesh que huyó de la violencia en Myanmar. Los dos tíos de Somsida murieron en la violencia que estalló en el estado de Rakhine, en Myanmar, hace más de un mes.  Su madre, Rabban, de 30 años, está preocupada por el bienestar de sus hijos, ya que no pueden borrar el incidente de sus mentes. 

"A veces, Somsida se despierta recordando lo ocurrido. Nuestra gente murió y las casas fueron quemadas. Afortunadamente, logramos huir  después de que mataran a los tíos de Somsida. Pero desde el lugar donde nos escondíamos lo vimos todo. Mis hijos y yo tenemos mucho miedo de volver. ¿Y si somos los siguientes?” dice Rabban. Decidieron entonces escapar, uniéndose a los miles de refugiados que se desplazan cada día a Bangladesh.

"Cuando estábamos huyendo, lloré porque escuché los sonidos de disparos, la gente gritaba, lloraba y me asustó", recuerda Somsida. El viaje que siguió no fue fácil. Los niños lloraron continuamente, especialmente ella, pero la familia tuvo que seguir avanzando. “Caminamos muchos kilómetros antes de llegar a Bangladesh. Dejar atrás nuestro pueblo fue muy doloroso, sin comida, sin agua y caminando bajo la lluvia con un bebé de 5 meses y siete niños fue una prueba muy dura. Aquí me siento segura.", dice Rabban. La familia de Somsida ha ocupado un lugar en el campo de refugiados junto con miles de otros refugiados, en su mayoría mujeres y niños.

Llegan sin absolutamente nada

La comida es escasa

Somsida no tenía acceso a alimentos nutritivos básicos. "En mi casa solía comer arroz y pescado. Me gusta mucho, y solía comerlo de muchos tipos, pero ya había pasado un mes desde que no comíamos arroz ni pescado, solo chira (arroz aplanado) y gur (edulcorante). Lo mismo todos los días."

Higiene y saneamiento inadecuados

Somsida se siente insegura cuando tiene que ir a la jungla a defecar. "Nos levantamos temprano y vamos a la jungla cercana a hacer nuestras necesidades. Es una caminata larga, muchas chicas van allí, está al aire libre así que todos te pueden ver, y eso me hace sentir tímida e insegura. También temo a las serpientes y a los jok (sanguijuelas). Algunos hombres que pasan nos tiran barro para hostigarnos y humillarnos. En la jungla donde hacemos de vientre huele muy mal y a veces se pega a mis piernas. Es muy incómodo."

Sin juego, sin escuela

En el campamento de refugiados no hay sitios para jugar con otros niños. "Ojalá pudiera volver a jugar como en mi pueblo. Aquí no es posible, no hay juegos ni amigos. Allí tenía muchos amigos y jugábamos a muchos juegos. Lo echo de menos. Ahora solo deambulo por el campamento.", nos cuenta la niña. También echa de menos ir a la escuela y le encantaría volver a ir. "Quiero ser maestra en el futuro. Me gusta ir al colegio. Si la lucha se detiene, quiero volver a mi aldea y volver a clase otra vez.", afirma.

La familia de Somsida es una de las 1.800 familias de refugiados que ya están recibiendo paquetes de alimentos de World Vision. El kit de socorro incluye 34 Kg de arroz, 4,5 kg de lentejas, medio kilo de sal, 2 litros de aceite y 1 kg de azúcar por hogar. En la primera fase, World Vision tiene como objetivo asistir a 3.050 familias (15.475 refugiados) con kits de socorro. En las siguientes, crearemos Espacios Amigables para Niños, donde puedan jugar y recibir asistencia psicológica y comenzaremos las labores de saneamiento. Contamos contigo.