Apadrinar: un presente diferente, un futuro prometedor

Apadrinar: un presente diferente, un futuro prometedor

Juan Cala Mami tiene 11 años. Vive en “La Salvadora” un campamento minero, junto a sus padres, Armando, de 32 años y Rosmery, de 33, y sus hermanos y hermanas Maily, 13, Samuel, 5 y Esther, 3. Juan forma parte de programa de apadrinamiento de World Vision, y vive en la zona fría de Llallagua, a siete horas en autobús de La Paz y a 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Todos los días Juan se despierta a las 5 a.m. para despedirse de su padre, que va a trabajar a la mina y regresa a las 6 p.m. Después, él desayuna té o chocolate caliente con un pedazo de pan, y alguna vez leche. Luego va a la escuela que está rodeada de montañas rocosas y vegetación. Juan es muy conocido en su escuela porque ha sido un gran apoyo para sus amigos. El aula está construida en madera vieja y, gracias al apoyo de World Vision, ahora tiene una biblioteca donde Juan y sus amigos tienen acceso a una biblioteca virtual con una pizarra interactiva.

Juan Cala y su hermano

Armando, el padre de Juan, es delgado, con ojos rojos y hundidos que muestran seriedad y preocupación mientras habla de su vida pasada y de su trabajo. Ser minero es un trabajo de mucho riesgo. Las condiciones son precarias y el salario es bajo, solo te pagan por la cantidad de minerales que obtienes. La esperanza media de vida de un minero es de 40 años. Algunas veces, Armando piensa en los momentos más tristes de su vida, cuando trabajaba muchas horas en la mina durante varios meses y volvía a casa sin dinero. “Trabajar en la mina es lo peor, muy sacrificado y un trabajo peligroso. He trabajado aquí desde que tenía 13 años porque mi padre también era minero. Después de tantos años trabajando en la mina, no hay otro futuro para mí, pero espero que el trabajo de minero termine en mi generación y mis hijos puedan estudiar una carrera y tener un futuro mejor”, dijo.

Un cambio necesario

Antes de que su familia se involucrara con World Vision, había violencia en su casa. Armando solía beber demasiado y golpeaba a su esposa e hijos. Luchaban por tener comida todos los días pero los niños no estaban viviendo en un buen ambiente para crecer. Después de las charlas a las que asistieron en World Vision, el Programa de Desarrollo de Área, cambió su vida. Armando dejó de beber y ha mejorado la relación con su familia, van juntos a la iglesia y la relación matrimonial también ha cambiado. Juan también recuerda aquellos viejos tiempos. Una noche, mientras todos dormían, oyó llorar a su padre porque no pudo encontrar minerales en la mina; por eso no tenía dinero para la comida.

Juan Cala Mami

Gracias al apoyo de World Vision, la vida familiar de Juan ha mejorado, sus padres son miembros activos en el Programa de Desarrollo de Área y ellos promueven el cambio en su comunidad. Los padres de Juan están felices con el trabajo de World Vision. Saben que cada semilla plantada en sus hijos ahora, no será olvidada cuando crezcan. Como Juan forma parte del programa de apadrinamiento, recibe al menos dos chequeos de salud cada año, también pertenece a una red de niños donde los niños aprenden temas como cuáles son sus derechos, comunicaciones, liderazgo, justicia y promoción de la salud, entre otros.

Un futuro prometedor

Comparte todo lo que aprende con sus hermanos y hermanas y todos sus amigos. Su calidad de vida ha mejorado. "El momento más feliz que he tenido en mi vida fue cuando tuve la oportunidad de hacer un video con el Programa de Desarrollo de Área,¡yo estaba actuando!”. Juan dice con orgullo. Realizando el vídeo mejoró su autoestima y le proporcionó herramientas y conocimientos para encontrar una manera de expresar su opinión a través de él. El apoyo que Juan recibe de su padrino le permitió a él y su familia cambiar sus vidas y tener un futuro mejor. Esta familia ha mejorado no solo económicamente sino también espiritualmente. Apadrinar a un niño es una forma de dejar un legado en el mundo.