Historias de empoderamiento

Cada una de estas niñas se enfrentaron a una realidad que ningún niño debería vivir. Pero hoy, cada una de ellas está empoderada para aprender y prosperar en la vida gracias al apoyo de World Vision y de personas como tú. Descubre cómo de grande puede ser tu ayuda.

 

Preeti

Preeti: Cambiando a una generación

Cuando los tatarabuelos de Preeti emigraron a Agra hace 150 años, no podrían haberse imaginado dónde estaría hoy esta niña apadrinada de 9 años.

"Cuando crezca, quiero mejorar mi comunidad," dice Preeti.

Se toma su desayuno antes de meter los libros de la escuela en su mochila.

Es un cambio increíble. Hace tan solo dos generaciones, la familia de Preeti migró para poder sobrevivir. Ahora Preeti se va de casa pero para conseguir algo mucho mejor.

Las familias sin recursos como la de Preeti tienden a casar a sus hijas a edad temprana, sabiendo que no pueden permitirse otra boca más que alimentar. Pero gracias a que alguien como tú apadrinó a esta niña, ahora es libre y puede ir a la escuela.

Y tiene la determinación de aprovecharlo al máximo, aprendiendo las asignaturas que más le gustan. También va a un centro de World Vision donde se ofrece educación de apoyo para reforzar lo aprendido en su escuela.

Ahora, Preeti y su familia saben que la educación puede ayudar a romper el círculo de la pobreza en las nuevas generaciones. "La vida en la escuela, es mejor", dice Preeti.

Teriano: El poder de una niña

Cuando Teriano Lesancha cumplió los ocho años, solo quedaban dos niñas en su clase.

El matrimonio infantil era una tradición en la tribu masái de Kenia. Y a la edad de trece años, su padre le dijo a Teriano que ella sería la siguiente.

Pero Teriano era una niña apadrinada a través de World Vision, y discutió con su padre porque su educación estaba pagada con el apadrinamiento, lo que significaba que no era una carga para su familia, y no era urgente que se casara.

Con la ayuda de World Vision, el padre de Teriano cedió.

Hoy, Teriano es la primera persona en su poblado que ha obtenido un graduado. Nunca se ha casado con el hombre que le fue impuesto y en su lugar se dedicó a seguir su educación y estudiar una carrera.

Nunca ha olvidado la importancia del apadrinamiento y, ahora, es una activista que ayuda a otras mujeres a luchar por su derecho a tener una educación y vivir una infancia plena. Ella es la prueba de que la vida de una persona puede cambiar a muchos otros.

“Todo empezó con una familia apadrinando una niña. Ayudando a una niña, hay muchas otras niñas a las que ayudas indirectamente”, dice Teriano. 

Varsha, la seguridad de ir a la escuela

Varsha: la seguridad de ir a la escuela

Varsha, de 11 años, camina a su casa con su hermano de siete años, sabiendo que regresarán a una casa prácticamente vacía.

No es un barrio seguro. Su casa de ladrillos se está desmoronando hasta el punto de que jugar, estudiar e incluso bañarse se hace a la vista de los vecinos.

Al dejar a sus hijos en casa solos, la madre de Varsha se siente completamente culpable. Pero, ¿qué puede hacer ella? Si no trabaja, teme que su familia pueda morir de hambre y que sus hijas como Varsha puedan verse obligadas a casarse.

"Mientras estoy trabajando, siempre estoy preocupada por mis hijos", dice la madre de Varsha.

Varsha tiene la suerte de estar apadrinada por alguien como tú, de esta forma puede ir a la escuela, una ventaja crucial para escapar de la pobreza. También es la clave para evitar el matrimonio infantil, ya que cada año que está en la escuela, es menos probable que se case demasiado joven. El colegio se ha convertido en su refugio.

A través de su programa de desarrollo, World Vision también está trabajando para ayudar en la vida de la familia, por ejemplo, apoyando la construcción de un baño para que tengan algo de privacidad. Para Varsha, la vida en una familia sumida en la pobreza no es fácil. Pero con una educación, existe la esperanza de que algún día ella misma sea la clave para salir del círculo de pobreza.

Shyamoli, soñando en grande

Shyamoli: soñando en grande

Las obras de arte cubren las paredes de la casa de Shyamoli, de 13 años. Pero ella no siempre tuvo tiempo para dedicarlo al arte. Después de que su madre los abandonase, el padre de Shyamoli, Abdul, trató de sacar adelante a su familia con su propio negocio.

Fueron meses complicados y finalmente, Shyamoli se vio obligada a abandonar la escuela para trabajar en una panadería.

Cada día, su trabajo consistía en empacar y sellar las galletas en su envoltura de plástico durante horas.

"No tuve otra opción que enviarla a trabajar", dice Abdul. "Estaba luchando por administrar el dinero y poder pagar los alimentos para la familia. No podía pagar la escuela".

Pero gracias a la ayuda de personas como tú, World Vision pudo proporcionar una cantidad de dinero en efectivo cada mes a la familia para apoyar los gastos educativos de Shyamoli, y además apoyar a Abdul para comprar su propio tuc-tuc, en lugar de alquilar uno, y así poder reducir los gastos.

Ahora, en medio de las obras de arte que hace en el colegio, Abdul y Shyamoli tienen un tablero en el que escriben sus objetivos, un recordatorio de todo lo que quieren para el futuro y que World Vision les está ayudando a lograr.

"Cuando miro a este tablero me animo para no perder ningún día de escuela", dice Shyamoli. Ahora, su futuro puede ser más de lo que nunca imaginó.

Reni, cerrando el círculo de la solidaridad

Reni: Cerrando el círculo de la pobreza

Algunos niños sueñan con ser bomberos, médicos o profesores. Per ocuando Reni era niña, era difícil soñar con aspiraciones tan altas.

No era realista, dado que nació en un orfanato sin recursos en Lombok, donde su madre trabajaba de cocinera. Reni, todo lo que soñaba en hacer cuando fuera mayor era conseguir cualquier trabajo con el que poder ayudar a su familia.

Pero entonces, cuando Reni tenía siete años, fue apadrinada y todo cambió. De repente, podía conseguir aquello con lo que había soñado: tener una educación.

“Definitivamente me dio esperanza para continuar mis estudios y comportarme adecuadamente saber que hay alguien al otro lado del mundo que se preocupa por mí y me hace sentir parte de su familia. Saber que la vida no tiene por qué ir mal me animó a seguir estudiando" dice Reni.

Reni trabajó duro, acabó la escuela y consiguió un buen trabajo en Indonesia. En 2006, se postuló a un puesto mejor en el sur de Australia y también lo consiguió.

Hoy, Reni vive y trabaja en ese país, lejos de donde empezó su vida. Pero sabe que aquella familia que la apadrinó lo hizo posible, y ahora también apadrina a otros niños a través de World Vision.