De Tez a Moatez

De Tez a Moatez

Tan pronto como se abra la puerta de la clase, el primer niño en interactuar y expresar su opinión es Moatez, un niño refugiado sirio de 5 años que vive en el Líbano. Él es el primero en levantar la mano con entusiasmo y con una gran sonrisa en su rostro. Uno no puede sino devolverle la sonrisa y saludarle. Es difícil creer que cuando este niño llegó al centro de Educación Infantil de World Vision (ECE) en Beqaa, no pudo decir ni su propio nombre.

Ahora es uno de los estudiantes más activos en su clase. Financiado por la Fundación Kuwait para el Avance de las Ciencias (KFAS), el programa ECE enseña a los niños y niñas números, letras, colores y canciones en un ambiente divertido y pacífico.

"Cuando Moatez llegó por primera vez a la clase, no dijo ni una palabra. Solo se refirió a sí mismo como “TEZ”, incapaz de decir su nombre completo.", dice su maestra Adla. Moatez nació de una madre sordomuda. No estuvo expuesto al habla, excepto cuando su padre estaba cerca. Solo sabía el lenguaje de señas con el que solía decirle a su madre lo que necesitaba. Su padre trató de ponerse al día con su educación, pero no pudo ayudarle.

 

Ahmad, el padre de Moatez, tiene 28 años. Sufre de una enfermedad cerebral y no puede sobrevivir sin sus medicamentos. Llevó a su hijo a la escuela e insistió en inscribirle a pesar de las dificultades para hablar. Los profesores del centro de World Vision aceptaron el desafío y centraron sus esfuerzos en lograr que Moatez pronunciara su nombre correctamente.

Poco a poco, le ayudaron a tener éxito. Usaron varias formas en las que le hicieron escuchar sus palabras mientras se cubrían la boca para poder imitar el sonido, en lugar del movimiento de sus labios. Esto demostró ser un excelente enfoque para enseñar a Moatez a encontrar su propia voz.

El niño todavía está en el proceso de aprender a hablar. Ahora dice su nombre completo y puede expresar sus necesidades en palabras, lo cual es una gran mejora. "Le deseo a Moatez una vida feliz, eso es todo lo que me importa. Toda mi vida ahora está dedicada a hacer felices a mis hijos." continua su padre. "Cada vez que yo tenía un episodio solía gritar pidiendo ayuda, pero mi esposa, al ser sorda, no me escuchaba. Ahora, Moatez viene a rescatarme. Él me trae la medicina y duerme junto a mí hasta que me siento mejor, es un gran niño."

Se trata de estas pequeñas historias de éxito con un impacto más allá de las palabras. Alrededor de 500 niños de entre 3 y 5 años forman parte del programa, y cada uno de los estudiantes obtiene todas las habilidades y la atención necesarias para esforzarse en su entorno. Viendo el futuro, uno solo puede tener esperanza por el próximo gran desafío de Moatez: escribir. Todavía no está ahí, pero World Vision no tiene dudas de que un niño como él romperá todas las barreras con el apoyo de sus padres, maestros y la comunidad.