Una vida mejor para las niñas y niños de Vanuatu

Amanda, de 38 años, es madre de dos hijos. Ha sido maestra de escuela durante más de 15 años y ahora trabaja con World Vision en un nuevo proyecto educativo para niños y niñas. Amanda está encantada con los cambios positivos que ha visto en sus estudiantes y con los efectos en su propia vida.

Hace más de un año, World Vision presentó el plan de estudios 'Gudfala Laef blong ol gel mo ol boe' (GFL) a Amanda y sus compañeros de escuela para enseñar a los niños y niñas. El título del plan se traduce como 'una buena vida para niñas y niños'. El plan de estudios utiliza distintas actividades y estrategias, para de una manera lúdica transmitir mensajes sobre la igualdad de género y las relaciones positivas con el objetivo de reducir la violencia de género. El programa está diseñado para niños de 5 a 12 años y promueve normas de género positivas y explora las relaciones de poder que conducen a la violencia de género, así como el abordaje de la violencia espiritual, violencia perpetuada a través de la cultura religiosa. "Al principio estaba un poco escéptica porque estaba familiarizada con mi trabajo y la idea de enseñar material nuevo no era algo que hubiera contemplado", comentaba Amanda.

Amanda pronto se dio cuenta del cambio de actitud en sus estudiantes, especialmente en las niñas.

"Muchos de mis estudiantes provienen de hogares que son bastante tradicionales y eso se reflejó en la forma en que respondieron a cuestiones como el género, pero a medida que pasaba el tiempo me sorprendió ver a niños y niñas trabajando juntos de nuevas maneras. Los niños compartirían más con las niñas, los grupos que normalmente estarían formados por un solo género se mezclaron más y las niñas que usualmente se mostraban reacias a hablar o participar frente a los niños tenían más confianza para participar", sentenció Amanda. “Las historias personalizadas en el plan de estudios no solo atrajeron la atención de los estudiantes, sino que también les proporcionaron la propiedad de las lecciones enseñadas y les ayudaron a relacionarse más fácilmente con ellos. Disfruté viendo su entusiasmo por participar en actividades y noté que algunos estudiantes se volvieron más confiados para orar y otros comenzaron a hacer más preguntas", compartió Amanda.

Amanda se siente alentada por el efecto positivo del programa en los niños. Ahora está llevando su capacitación un paso más allá de voluntaria a aprendiz, reduciendo los casos de violencia de género con World Vision.