Mujer en Sudán del Sur junto a unos sacos
21 de enero de 2021 Minutos de lectura

COVID-19: “una sentencia de muerte”

para las mujeres en Sudán del Sur

Tras años de conflicto y cientos de proyectos de recuperación económica, proyectos vitales, pequeñas empresas puestas en marcha, sueños y esperanzas de futuro… la pandemia de la COVID-19 ha llegado a Sudán del Sur y las mujeres son las más damnificadas en esta nueva situación.

“Desde que se declaró el primer caso de COVID-19 en Sudán del Sur, no he podido ser yo misma. Estoy muy preocupada. ¿Cómo sobreviviremos sin nuestro trabajo en el campo?”, dice Atim, una agricultora de 45 años.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), al menos el 95% de las personas en Sudán del Sur dependen de la agricultura, la pesca y el pastoreo para obtener alimentos e ingresos conque satisfacer sus necesidades diarias. La mayoría de las y los agricultores sobreviven con sus cosechas, con las que cubren  las necesidades alimentarias de su familia o compran alimentos, envían a sus hijos e hijas a la escuela y pagan sus facturas médicas.

Atim perdió a sus nueve hijos a causa de diversas enfermedades porque no podía pagar las facturas médicas. Sabe lo importante que es la salud y tener dinero para poder pagar los tratamientos necesarios ante un posible contagio de la COVID-19.

Los períodos de cultivo normalmente se realizan en dos estaciones, la primera de abril a julio y la segunda de agosto a noviembre. La primera la dan por perdida y la segunda no será posible si la COVID-19 tarda mucho en controlarse y las restricciones continúan.

“Trabajamos en grupo y  repartimos una parte de nuestras cosechas para comer, otra parte la guardamos para nuestras reservas y las semillas las guardamos para la próxima temporada de siembra”, explica Atim. “Pero con las restricciones por la pandemia, el trabajo agrícola será difícil porque cultivamos superficies grandes y se necesitan muchas personas para plantar”.

Ajak Mangar, madre de seis hijos, es una de las compañeras de Atim en el grupo de agricultoras. “La pandemia de la COVID-19 es como una sentencia de muerte para las mujeres vulnerables que dependemos de la agricultura para alimentar a nuestros hijos. En un momento en el que esperábamos darles a nuestros hijos e hijas la mejor vida posible después de varios años de conflicto, COVID-19 echa al traste nuestro futuro. ¿Por qué?”

Ahora el grupo de agricultoras se ha convertido en un grupo de apoyo mutuo en tiempos de incertidumbre. Aquí discuten sus problemas y opciones para poder salir adelante con el asesoramiento de World Vision, responsable de poner en marcha el proyecto que las unió.

Se trata de un proyecto cuyo objetivo es guiar a la población vulnerable del país hacia una agricultura sostenible a través del apoyo de insumos y capacitación. El objetivo es ayudar a aumentar los ingresos de 10.000 pequeños agricultores y agricultoras y 60.000 miembros de la comunidad en los estados de Ecuatorial Central (Rajaf) y Warrap (Tonj North).

¿Qué pasa con las niñas y mujeres más jóvenes del país?

A medida que los casos de COVID-19 aumentan en Sudán del Sur, muchas familias tienen que enfrentarse a una batalla contra dos adversarios: el virus y el hambre. Este escenario es comprensible en un país donde más de siete millones de personas ya sufren de inseguridad alimentaria.

Pero Martha, de 14 años, al igual que otras chicas del país, teme otra consecuencia frente a este empeoramiento de la situación. “Tengo miedo de verme obligada a casarme para que mi familia pueda sobrevivir”, dice con tristeza.

Martha soñaba con ayudar a cambiar la forma en que las comunidades perciben a las niñas que continúan con su educación más allá de la enseñanza básica. Mientras la COVID-19 exista, el sueño de Martha está seriamente amenazado.

Más de mil escuelas han sido cerradas debido a la emergencia sanitaria. Actualmente 1,9 millones de niños y niñas en Sudán del Sur se ven afectados por ello.

 

“¿Por qué ha llegado la COVID-19 en un momento en que las niñas estamos comenzando a ser conscientes de nuestro derecho a estudiar y perseguir nuestros sueños?, añade Martha. “Nada me asusta más que quedarme en casa ahora. Me da miedo que las niñas sean el próximo objetivo para la supervivencia de sus familias”.

Los temores de las chicas ante el matrimonio ya han comenzado a hacerse realidad. Están comenzando a llegar informes de las escuelas en las que trabajamos sobre la situación de algunas de ellas, que se ven obligadas a casarse, mientras que otras se están quedando embarazadas. Estamos haciendo todo lo posible para analizar este problema y abordarlo pero necesitamos toda la ayuda posible.

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