¿Cómo ayudará la cría de gallinas a los refugiados en el Norte de Uganda?

¿Cómo ayudará la cría de gallinas a los refugiados en el Norte de Uganda?

Las cuatro hijos de Harriet Porogo podrán soñar con comer huevos nuevamente. Esta familia refugiada acaba de recibir 16 gallinas por parte de World Vision para poder dedicarse a la avicultura. Desde que huyeron de Sudán del Sur en diciembre de 2017, asentándose en un campamento de refugiados en Palorinya, al Norte de Uganda, los cuatro hijos de Harriet solamente han podido comer huevos en dos ocasiones.

En ambas ocasiones, Harriet se vio obligada a vender parte de las raciones mensuales de  comida de la familia para poder comprar un huevo para cada uno de sus hijos. Para una familia que llegó a tener cientos de gallinas, adaptarse a una vida sin huevos no ha sido tarea fácil.

“Aquí, una bandeja de huevos cuesta 10.000 chelines ugandeses (3 Dólares), una cantidad de dinero con la que no puedo contar. En nuestra tierra natal solíamos tener más de 400 gallinas, por lo que nuestros hijos podían comer huevos casi a diario. También solíamos comer pollo al menos una vez al mes. Sin embargo, desde que llegamos aquí, no hemos vuelto a probarlo”, afirma Harriet.

A día de hoy la familia depende plenamente en las raciones de comida distribuidas por World Vision. Quizás las cosas hubiesen ido mucho mejor para la familia de Harriet si su marido de 39 años, Alex Taban, no hubiese sufrido un infarto, dejando la mitad de su cuerpo paralizado. Harriet, al igual que Alex, se encuentra parcialmente discapacitada. Aún se está recuperando de un dislocamiento de la cadera que sufrió durante su huida de Sudán del Sur. Al igual que su marido, Harriet no puede realizar ningún trabajo forzoso para ganar un poco dinero para su familia.

“Mi marido está débil y permanece en casa. Solamente camina por los alrededores e incluso esto le resulta agotador. Por tanto, tengo que cuidar de él además de mis hijos”, cuenta Harriet.

A pesar de todo esto, la vida de Harriet parece cambiar poco a poco. Parece haber una luz al final del túnel. Pronto podrá ofrecer huevos a sus hijos y vender otros pocos, además de cuidar a su marido. Su familia es una de las que se encuentran entre las 66 familias de refugiados del campamento de Palorinya que, con la ayuda de World Vision, han podido recibir un total de 100 gallinas Kuroiler para poder dedicarse a la avicultura.

¿Qué son las gallinas Kuroiler?

Kuroiler es una raza o variedad híbrida de gallina que se desarrolló en India, destinadas al consumo de huevos y carne. Las gallinas Kuroiler son una raza económica que puede alimentarse a base de desperdicios de cocina o de residuos agrícolas. Esta ave se conoce principalmente por productividad, su carne sabrosa y su capacidad para sobrevivir en entornos hostiles.

A diferencia de las gallinas autóctonas que producen 40 huevos en un año, las gallinas Kuroiler producen alrededor de 150 huevos en un año. A diferencia de las gallinas autóctonas que producen 40 huevos en un año, las gallinas Kuroiler producen alrededor de 150 huevos en un año. El periodo de maduración de las gallinas Kuroiler es de 10 semanas, sin embargo, el de la raza local es de varios meses. Al alcanzar su madurez, las gallinas Kuroiler pueden llegar a pesar 3.5 Kg, en comparación a la variedad autóctona que solamente llegan a pesar entre 2 y 2.5 Kg.

¿Qué le cabe esperar a Harriet?

En las próximas 10 semanas, las gallinas Kuroiler de Harriet habrán alcanzado la madurez, brindándole alrededor de 50 huevos al mes. Esto significa que los cuatro hijos de Harriet podrán alimentarse de huevos cada semana y los huevos sobrantes podrán destinarse a la venta para obtener algo de dinero para la familia. “Los niños están muy emocionados, ya les han puesto nombre a cada una de las gallinas. Estas 16 gallinas podrán convertirse en muchas más. En casa solíamos tener gallinas, así que sabemos cómo cuidarlas”, explica Harriet.