COVID-19: planes para una respuesta humanitaria única

Coronavirus

Por Isabel Gomes,  World Vision International – Directora Global de Operaciones Humanitarias 

La cifra de infectados aumenta hasta casi los 335.000 casos confirmados de COVID-19 y 15.000 muertes confirmadas en 189 países, áreas o territorios a nivel mundial. Esta crisis presenta un desafío sin precedentes para la respuesta humanitaria, cambia vidas, separa familias y aumenta el riesgo de afectar gravemente a nuestra futura generación.

Hace dos semanas, la Organización Mundial de la Salud categorizó la situación creada por el COVID-19 como una pandemia, hoy, miércoles 25 de marzo, Naciones Unidas lanzan un llamamiento humanitario global para aumentar urgentemente la respuesta, particularmente en los contextos más frágiles del mundo.

Una amenaza sin precedentes para los niños necesita una acción sin precedentes

World Vision celebra el lanzamiento del Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID-19 de la ONU. Esta iniciativa reúne planes de agencias de la ONU e integra aportes del Movimiento de la Cruz Roja y de ONG y redes internacionales, incluida World Vision. El plan resalta la necesidad de aumentar la escala para responder a la crisis de salud inmediata, pero también a los efectos secundarios potencialmente devastadores de COVID-19 en el acceso a la educación, la seguridad alimentaria, el agua y el saneamiento, los medios de subsistencia, la protección infantil y mayor riesgo de sufrir violencia de género.

El plan destaca la probabilidad de impactos particularmente agudos en países con crisis humanitarias existentes. Para estos contextos frágiles, es esencial que la asistencia humanitaria existente esté protegida y no desviada frente la respuesta COVID-19.

El impacto de la pandemia en los contextos más frágiles del mundo

El impacto de COVID-19 en los niños en estos contextos podría ser devastador, y a medida que la respuesta global aumenta, World Vision hace un llamado a la comunidad internacional para garantizar un enfoque en niñas y niños de todas las edades y situaciones de vulnerabilidad y riesgo. Es demasiado pronto para calcular el impacto exacto en los niños y hay muchas cosas que no sabemos, pero podemos hacernos una idea del alcance a partir de nuestra experiencia con brotes virales graves en el pasado, como el Ébola. 

COVID-19 no discrimina. Si bien sabemos que los ancianos y las personas con afecciones médicas subyacentes corren un mayor riesgo, los niños pueden y también se verán directamente afectados. Los sistemas de salud sobrecargados de pacientes con COVID-19 también son menos capaces de proporcionar servicios de salud preventivos y curativos, incluso para niños. Durante los brotes de ébola en la República Democrática del Congo, el acceso a la atención médica para niños con otras enfermedades infecciosas como la tuberculosis, la malaria y las enfermedades diarreicas podía no estar disponible o retrasarse, lo que contribuye a un mayor riesgo de mortalidad.

También podemos anticipar impactos secundarios significativos del coronavirus en los niños. En contextos frágiles y aquellos afectados previamente por epidemias, los abuelos suelen cuidar a los niños, quienes corren el mayor riesgo de perder sus vidas a causa de COVID-19, lo que aumenta el riesgo de que los niños no estén acompañados. El miedo y el pánico creado por las incógnitas de COVID-19 y en muchos lugares, los desafíos para acceder a las pruebas o el tratamiento, junto con el aislamiento social y la separación o la pérdida de familiares y seres queridos pueden conducir a una angustia psicosocial significativa.

Sin embargo, el acceso a la salud mental y al apoyo psicosocial es una de las mayores brechas en la mayoría de las respuestas a la crisis humanitaria del mundo. El cierre de las escuelas significa que los niños pierden la educación, pero la escuela también es uno de los lugares más seguros para estar durante el día y, para muchos, su única fuente de comida nutritiva. La pérdida de ingresos y medios de vida debido a cierres y restricciones de movimiento limitan la protección que los padres y cuidadores pueden proporcionar a sus hijos, contra la violencia, el abuso, el abandono y la explotación. El riesgo de que los niños sean empujados a mecanismos de supervivencia negativos como el trabajo infantil, la explotación sexual o el matrimonio infantil se vuelve mucho mayor.

Nuevos desafíos para la ayuda humanitaria

Si estos impactos en los niños no fueran lo suficientemente fuertes, COVID-19 también presenta desafíos sin precedentes en la forma en que la ayuda humanitaria responde a una emergencia. Las políticas gubernamentales que prohíben las reuniones públicas plantean desafíos específicos para la distribución de asistencia alimentaria y otros suministros que salvan vidas, así como la provisión de servicios básicos a las poblaciones desplazadas y afectadas por conflictos. Hasta la fecha, ya se han producido suspensiones temporales a gran escala de programas de asistencia alimentaria en 10 países. Incluso los paros temporales pueden poner en peligro sus vidas. Los campos de refugiados abarrotados y los asentamientos para los desplazados internos tienen un mayor riesgo de alta transmisión y menor capacidad para establecer medidas de prevención. Las restricciones de viaje limitan la capacidad de enviar asistencia de emergencia y capacidad adicional.

Frente a estos desafíos sin precedentes, World Vision está pidiendo al mundo que priorice a los más vulnerables, especialmente niñas y niños, de las siguientes maneras:

  •  Recurrir al Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID-19 de la ONU y a las iniciativas para apoyar bilateral y directamente a los actores locales con capacidad en el terreno.
  • Manejar planes adaptables a la situación, incluida la asignación de modificadores de crisis para aprovechar los recursos existentes tanto como sea posible, en línea con los compromisos de la Cumbre Humanitaria Mundial y El Gran Acuerdo.
  • Proteger y mantener los compromisos existentes en la respuesta humanitaria en contextos frágiles, evitando el desvío de recursos y agregando flexibilidad para adaptarse a las nuevas realidades operativas.
  • Garantizar que los planes de respuesta nacionales incluyan a todas las personas, independientemente de su estado, en particular los desplazados internos, los refugiados, los solicitantes de asilo y los inmigrantes indocumentados.
  • Movilizar recursos y capacidades locales para la prevención y la preparación, incluida la participación de los líderes religiosos y líderes comunitarios.
  • Colocar a los niños en el centro de los planes de prevención y respuesta, asegurándose de evaluar las necesidades específicas de edad y género de niñas y niños e invertir en la continuidad de los servicios de protección infantil.
  • Trabajar juntos para abordar las restricciones de acceso humanitario con inmediatez y considerar excepciones a las restricciones de viaje y movimiento para trabajadores humanitarios. 
  • Identificar con urgencia alternativas a las suspensiones masivas de asistencia humanitaria que salvan vidas como parte de la planificación de preparación y encontrar soluciones rápidas en aquellos lugares donde ya haya ocurrido.

Con estas acciones conjuntas, podremos mitigar una catástrofe para los niños y sus familias.

 

World Vision está respondiendo activamente a COVID-19 en 17 países prioritarios, incluidas nuestras respuestas humanitarias existentes. Promovemos medidas preventivas, apoyamos a los sistemas de salud y a los trabajadores, y brindamos apoyo integral y multisectorial a los niños con mayor vulnerabilidad. En línea con nuestros compromisos en la Cumbre Humanitaria Mundial, estamos adoptando modificaciones en nuestras respuestas de crisis y flexibilidad para cambiar el destino de nuestros recursos y así responder rápidamente. Estamos movilizando a nuestro personal de primera línea, socios locales, líderes religiosos y comunidades.

* World Vision ha actualizado su respuesta a la crisis de la pandemia COVID-19 en más de 70 países, de los cuales 28 son foco prioritario al tratarse de contextos frágiles, atendiendo de forma inmediata y crítica a los niños y comunidades más vulnerables. El objetivo es ayudar a 72 millones de personas, con una respuesta global de 350 millones de dólares.

Ahora más que nunca, debemos unirnos solidariamente como una comunidad global y hacer lo que sea necesario para proteger a nuestros ciudadanos más vulnerables ahora y en el futuro.